martes, 19 de febrero de 2008

por el bien de todos, contra el nacional fetichismo

en los debates referentes a la reforma energética van a haber dos posturas fundamentalistas, intolerantes e imposicionales:
el nacional fetichismo y el fundamentalismo de mercado.
no debemos permitir que ninguna de estas posturas imponga su purismo ideológico a costa de nuestro interés supremo.

ya hemos ido tratando el tema del fundamentalismo de mercado en otras ocasiones, subrayando sus defectos y riesgos. los 90's nos han educado sobre los excesos que pueden derivar en la práctica de privatizaciones subreguladas, gobiernos débiles (frente a poderosísimas corporaciones sindicales y empresariales) e insuficientes (aunque, dicho sea de paso, eficientes) políticas sociales.
afortunadamente, en esta década se ha vuelto consensual el desprestigio del fundamentalismo de mercado.

desafortunadamente, sin embargo, este desprestigio se ha visto acompañado por un resurgimiento de la popularidad del paleo-fundamentalismo del estado de la década de los 70, que ha estado ocupando el vacío entusiásmico que dejó la religión opuesta antes mencionada al ir perdiendo adherentes.
es preciso, pues, evidenciar los defectos y riesgos que van ligados al fetichismo de la santa nacionalización y el "incorruptible" estatismo para evitar más echeverríadas y lopez porpillerías, y para ahorrarnos así otros veintipico años de "austeridad penitenciaria."

el fundamentalismo del estado es la otra cara de la moneda del fundamentalismo de mercado: si para el uno el mercado es la varita mágica, para el otro el estado es la bala de plata; si el uno dice "privatiza," el otro dice "estatiza;" si el uno subregula, el otro sobrerregula; si uno canta las ventajas de su gallo y omite las del ajeno, el otro cacarea las desventajas del gallo ajeno y omite las del propio, etc. en fin, los dos fundamentalismos leen de la misma biblia--lo único que cambia son los nombres de los ángeles y los demonios, así como las denominaciones de los pecados capitales y las virtudes cardinales--que están invertidos en cada versión.

mientras estas iglesias se pelean por averiguar cuál de las dos es daltónica (cuando, a nuestro juicio, ambas están cegadas por la fe), nosotros nos debemos de ocupar de encontrarle soluciones pragmáticas, viables, consensuales y convenientes a nuestro problema energético. porque al menos en eso coincidimos: el sector energético es un problema--lópez obrador mismo ya propuso su reforma "alternativa" (de la que hablaremos en otra ocasión) en el reforma del lunes. vamos, hasta bartlett ha de tener dinopropuestas de cambio!

pase lo que pase, debemos cuidarnos de que no se pase de un extremo al otro--no sea que, por querer enderezar el tronco, lo acabemos torciendo hacia el otro lado. eso de que "ya le tocó al estatismo, ahora es el turno del neoliberalismo" o viceversa en energía o telecomunicaciones es igual de perjudicial que dejar sin ningún cambio a esos sectores en manos de la petronomenklatura (rentistas del nacional fetichismo) o de los oligopolistas destrampados (rentistas del neoliberalismo).

no hay que permitir que los extremistas se anden rolando nuestros recursos a costa de la sociedad y a favor de ciertas minorías caza-rentistas. para esto, es de vital importancia que no basemos nuestras decisiones en teorías y supuestos generales, universales y eternos--nuestro sector energético es muy particular y las condiciones en las que estamos viviendo son únicas--en ciertas cuestiones convendrá inyectar mayor lógica de mercado, en otras, más "virtud republicana," y en la mayor parte, más de las dos.

creo que la nueva izquierda, democrática y ecléctica, ya está suficientemente madura como para considerar (sin por esto arriesgar nuestra soberanía energética) lo que la vieja izquierda, intolerante y fanática, ha estado obstruyendo por default a costa del bienestar de la ciudadanía.
la nueva izquierda podría hallar inspiración en las juiciosas palabras de un valiente profeta de la democracia mexicana, quien profesaba una inquietud severa por el porvenir de la nación y quien defendía fervorosamente a nuestra soberanía energética:

"no, no debemos vender nuestra herencia aun por todas las lentejas del mundo. en la práctica, la actividad petrolera abarca muchas cosas. lo que sí podemos, y debemos hacer, [...], es desgajar los componentes de estas palabras clave. exploración, refinación [y] transporte [...] pueden serles permitidos al sector privado. incluso las manejaría mejor. el estado, en cambio, tiene que mantener la exclusividad de la explotación primaria. es a la nación misma a la que toca la decisión de cuánto, cuándo y a quién vender [...] ya son bastantes los que creen que la política petrolera actual llega a extremos irrazonables e innecesarios."

adrián lajous, "el tabú del petróleo," 1990.

otra fuente de inspiración en la que puede basarse la política energética de la nueva izquierda mexicana es en el ejemplo de la reforma energética cubana que incluyó una modificación a la constitución ya desde el '99 y permitió abrir una zona para asociarse con empresas privadas -tales como la noruega norks hydro, la canadiense sherrit, la india ongc, la malaya petronas, petrovietnam, pdvsa y hasta la española repsol (cuyos abusos son correctamente revelados por el señor lópez)- en proyectos de exploración.
se ha de destacar del ejemplo de la reforma petrolera cubana que:

1) la soberanía del pueblo no es alterada
2) el estado impone las condiciones (cito del reforma: "el esquema contractual estipula que las empresas privadas obtengan el 50% de los hidrocarburos descubiertos y explotados--si las operaciones fracasan, las privadas deben absorber todo el costo")
3) se puede permitir a discreción el acceso a nuestra propiedad: si exxon y repsol tienen un mal historial ecológico, en materia de derechos humanos y en materia de triquiñuelas o mañas, pues se les puede negar la entrada--nosotros mantenemos el poder de decidir quién no tiene derecho de acceso a nuestros recursos.

felicito al gobierno cubano por su sensata apertura de mercado regulada y espero que sus reformas graduales tengan el éxito del modelo post-nacional fetichista vietnamita y chino.

1 comentario:

Guillermo dijo...

Hay que leer la crítica de Enrique Quintana al escrito de Amlo en el Reforma de hoy, para convencerse de que no dijo nada práctico.
Probablemente la mejor reforma energética que se puede lograr en el ambiente político del México actual no sea la óptima en abstracto, pero es indispensable que la reforma que se haga corrija algo de los abusos del sindicato del monopolio estatal (son muy corruptos y saben que una huelga paralizaría al país, pues se trata de un monopolio energético), también de los millonarios intereses creados de los contratistas (incluído transportistas como Hank y Serrano, además de grandes empresas extranjeras como Halliburton), y para no tener que subir los impuestos (que no es fácil), debe promover la participación de capital privado (nacional y externo, da igual) en condiciones de competencia bien regulada en refinerías, petroquímica (sin distinguir "básica" de "secundaria", lo cual es absurdo), y solamente avanzar en autonomía de gestión para Pemex en la medida que se pueda desarrollar una administración empresarial y transparente. No estaría mal que los particulares puedan comprar acciones por un porcentaje minoritario de la empresa, para que sea realmente pública y se vea obligada a la transparencia, como Petrobras. Por último, hay que permitirle a Pemex asociarse con otras empresas como Petrobras en territorio nacional para compartir riesgos y adquirir tecnología en la exploración de aguas profundas.El problema actual es que el contrato colectivo y la corrupción tan extendida hacen que se tenga demasiado personal muy bien pagado y se den demasiadas mordidas y se paguen insumos demasiado caros, por lo que los costos de operación son mucho mayores de lo que deberían de ser. Esa es mi opinión.